En una ocasión, un aguerrido samurái fue a ver a un pequeño monje, el cual vivía retirado en medio de las montañas.
-Monje- dijo con el tono rudo- "enséñame acerca del cielo y el infierno."
Sin levantarse del lugar donde se encontraba sentado, el monje observó de arriba abajo al poderoso guerrero, dirigió luego la mirada a las colinas, y le respondió con desprecio:
El samurái se puso furioso ante tal desprecio. Se incendió por dentro, se llenó de rabia. Dando un paso para delante desenvainó la espada y la dirigió hacia el monje, preparándose para darle muerte de un solo golpe.
- "Eso.. éso es el infierno!" - dijo entonces tranquilamente el monje.
El samurái se quedó pasmado. La compasión y entrega de ese pequeño hombre, dispuesto a ofrecer su vida para darle esa enseñanza y mostrarle el infierno, le conmovió.
El samurái bajó lentamente la espada, lleno de gratitud y de respeto, sintiéndose muy tranquilo y aliviado de no haberlo alcanzado a matar.
-"Y éso,.. éso es el cielo"- dijo el monje apaciblemente.
Reinterpretación libre tomada del libro "Inteligencia Emocional" de Daniel Goleman.
"NADA, EXCEPTO MIS PROPIOS PENSAMIENTOS ME PUEDEN PROPORCIONAR LA MAYOR FELICIDAD. Y NADIE PUEDE HACERME MÁS DAÑO A LA VEZ, QUE MIS PROPIOS PENSAMIENTOS."
Gracias por detenerte a leer. 
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