A finales de los 80\"s hubo un show de TV en Estados Unidos llamado precisamente así; "Growing Pains", y la trama de la serie -como en muchas series de ésa época- giraba alrededor de una familia típica, la cual presentaban en cada capítulo historias cortas referentes a algún miembro de la familia, donde se les presentaban retos, desafíos y mientras estaban sin saber qué hacer, finalmente el personaje era ayudado por los demás, o tal vez pasaba que se equivocaba; pero al final del capítulo siempre tenía la solución perfecta, pedía apoyo a su papá, o a su mamá y éstos le daban algún consejo y todo salía finalmente bien, con su consabida moraleja.
En el mundo real pasé por mis propios "growing pains" y tal vez no tuve ése cierre feliz al final de cada capítulo, la verdad es que la vida real es mucho más compleja y no siempre sale todo bien al final, hay dolores que acaban con tu inocencia, o con la espontaneidad que tenías, te dejan miedos, o resquemores, o dudas; etc. Que si logras cultivar tu inteligencia emocional, con los años irás superando.
Llega otra etapa importante de los "dolores del crecer" que te toca pasar, y es, cuando tienes que acompañar a tus hijos a atravesar por ésa fase. Es casi tan fuerte como la primera vez que pasé por mi etapa de "growing pains".
Tienes en tus manos un bebé, posteriormente se transforma en un hermoso niño o niña que juega, empieza a hablar, hace travesuras, escuchas sus risas por toda la casa, encuentras vasos de jugo por doquier, sus juguetes, la luz de la pureza de sus esencias inunda tu casa.. un abrazo de ése niño/a es capaz de diluír tu mal humor y recargarte de amor día con día.
Y de pronto... llega la adolescencia y dices: ¿donde quedó mi niñ@? , ¿donde quedó mi compañero de bailes en la cocina? Ya pasó otra transformación y ahora está convertido, en... ¡Oh, oh! un... adolescente!
Sus intereses están más apartados de tí, su principal foco de atención casi no tiene nada que ver contigo, ahora su mundo y su pensamiento empieza a estar más allá afuera que en tu casa y el mundo familiar.
Y empiezan los "growing pains".
Si tienes la suficiente suerte; tu adolescente aún se acercará a ti algunas veces y te hará algunas confidencias; te contará algo que le preocupa, o incluso llorará contigo. Ten cuidado de siempre poner atención a lo que te dicen en ése momento, con total apertura, empatía y sin juicios. Ésta etapa será crucial para determinar si continuará más adelante una relación verdaderamente cercana, donde se establezca la confianza y entonces, tu hijo; en su adultez continuará acercándose a tí.
Aún así ésto no quita que no sea fácil hacer éste acompañamiento, pero recuerda... Tu también debes cambiar. Tu hijo ya no es un niño, ha cambiado; así que tu también como papá/mamá debes hacer algunos ajustes; la manera en que l@ reprendías antes o l@ mandabas a su cuarto ya no puede ser igual a ésta edad. Tu hij@ debe saber que el respeto mutuo debe continar; pero intuír que tu también ya no lo ves como el niñ@ que era antes, si no que reconoces que ha cambiado, madurado y que está en otra etapa.
Hace un par de días tuve que acompañar en uno de ésos "growing pains"; uno fuerte.
Intenté ser lo más empática, suave, dulce, comprensiva y receptiva que pude, hablamos bastante.
Ellos están creciendo y yo también crezco con ellos, aprendo cada día, agradezco la oportunidad de tenerlos y ejercer tantos roles como se vá presentando la necesidad, el rol de la escucha, el rol de la compañera, el rol de ofrecer consuelo, en fin, tantas cosas... y todo ésto bien empaquetado y embotellado, marcado bajo la etiqueta de "Mamá"..
-A.R.E.
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